EL ORO Y EL OLVIDO

El  trabajo como una euritmia de la forma y del color, aparece en los rostros y rastros de una cultura que alterna entre el dolor y la fiesta. F. Sánchez Caballero, experimenta con su historia, con su poética y sus fantasmas (…) Existe en esta obra una poderosa fuerza telúrica que nos hace evocar un mundo mítico entre la fiebre y la selva, entre el oro y el olvido. Allí, con toda su carga social y con todas las enmarañadas relaciones- hombre y medio ambiente- se vive intensamente. De esa intensidad, de esa extensión de cultura y de lucha, nos habla Freddy en su visión pictórica.

Luis Fernando Cuartas.
Poeta y escritor. (1990)

El efecto positivo del “Pop” fue precisamente el descubrimiento de una nueva iconografía popular (…) es decir, un arte hincado en la búsqueda de una nueva identidad cultural al margen de nacionalismos. Sánchez Caballero pertenece a esta corriente: ha eludido el ternurismo nacionalista, el afiche folclórico y ha profundizado desde la pintura, con la pintura como un problema plástico a resolver, dentro de una nueva figuración, hasta lograr un tono personal.

Darío Ruiz Gómez
Escritor y crítico de Arte. (1990)

En los cuadros de F. Sánchez Caballero encuentro algo que ha dejado de ser común en nuestras artes plásticas: la intensa relación con su tema, la emoción frente a la realidad que interpreta. Su formación académica no le ha impedido “reinventar” su pintura, evadir los “conceptos” de moda y centrar su pincel en lo único importante: mirar y plasmar en el lienzo con vigor. (…) Sus cuadros son retratos intensos de seres humanos, rostros y cuerpos, sobre todo de mujeres, donde cada trazo cuenta historias bellas y duras.

Luis Alberto Alvarez
Crítico de Cine y de Arte. (1990)

Esta obra es contradictoria en sí misma, como la propia realidad que refleja: es privación, es abundancia, es desesperación, es vida y muerte a la vez.

Es una lucha de opuestos en donde lo cotidiano es una mezcla de realismo y surrealismo (…) son rostros de mujeres y niños cargados de tristezas y amarguras que se yuxtaponen a un colorido tropical exuberante: azules y rojos, amarillos y ocres que en vastas manchas van dando forma a su expresión.

Monika Lenz
Filósofa y crítica de Arte. (1991)

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