El YAYO -2-

…Pocas noches después, el Yayo observó a un grupo de hombres, con armas y vestidos de camuflado, que patrullaba las calles como tantas veces en el pasado y, se aproximó hasta ellos con determinación incontenida. Jamás pisó una escuela, así que no advirtió la sigla que los identificaba.

-Muchachos, ahora sí me voy con ustedes-, les dijo todavía con voz quebrada y adolorida…-Quemaron vivo a mi amigo Nikito.

Los hombres lo examinaron de arriba a abajo, luego se miraron con desconcierto y lo invitaron a su campamento a las afueras del pueblo. Con sorna y preguntas engañosas, decidieron su destino entre risas y sin aspavientos. Ponían en duda que con su frágil estampa pudiera con un fusil, pero -eso es lo de manos-, dijeron, -los locos tienen mucha fuerza. Antes de ponerle un uniforme debían saber si era capaz de cavar trincheras y le dieron una pala para que hiciera un hueco del tamaño de su cuerpo…Cavó tan profundamente como pudo entre dos árboles que junto a la luna roja serían los únicos testigos de su desgracia. Quizá solo en el último instante, en esa milimétrica fracción de tiempo en que vio venir la pala directo a su sonrisa retraída, supo que se había equivocado de bando. (F)

Yayo.
El Yayo

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